Encontré mi Ikigai

Tenía 8 años y, entre los escombros de su casita vieja, abuelo me dijo que yo haría una novela, una novela donde él fuera protagonista:

Un hombre pobre, de monte adentro, donde apenas llegaba la luz. Un niño que salió del cascarón antes de tiempo y logró conquistar el éxito (a su manera).

Abuelo no estudió pero era muy sabio. Había vivido tanto que logró predecir mi futuro cuando yo todavía jugaba a las muñecas. Abuelo leyó en mis ojazos infantiles un propósito.

¡Serás escritora!

Y aunque no es exactamente lo que hago, abuelo se acercó tanto.

Hoy por la mañana, encontré fue un post de Yanita que me hizo traerlo de vuelta a casa y recordar su mayor herencia:

“Abuelito” me enseñó que mi vocación, mi IKIGAI, había nacido conmigo aquel 6 de agosto del 94:

Lo que me encanta hacer, en lo que soy buena y lo que el mundo necesita de mí nunca fue una incógnita en mi vida. Tuve la suerte.

Luego de tanto sacrificio, gracias a las palabras… ¡soy feliz mientras me gano la vida!

Y créeme cuando te digo que me esforzaré porque tú también lo seas. A partir de hoy pongo mi don al servicio de los demás. 

PD. Aún no he logrado cumplir con mi palabra. Abuelo se fue tan pronto… que prefiero reconstruir su historia en pedazos como este. Sé que estará orgulloso con tan poco.

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